La brecha salarial en España. Una aproximación empírica desde el análisis económico y organizativo

El debate público sobre la brecha salarial de género en España se ha consolidado en los últimos años como uno de los ejes centrales de la política laboral. Sin embargo, la intensidad del discurso no siempre ha ido acompañada de un análisis empírico proporcional a la complejidad del fenómeno. Los datos disponibles, tanto a nivel nacional como internacional, sugieren que la brecha salarial existe y resulta medible, aunque su interpretación requiere un enfoque metodológicamente preciso que distinga entre desigualdad retributiva y discriminación salarial directa.

Las estadísticas oficiales del Instituto Nacional de Estadística, recogidas en Encuesta de Estructura Salarial 2023, muestran que la brecha salarial agregada en España ha experimentado una reducción sostenida desde 2013, alcanzando en los últimos ejercicios el nivel más bajo de la serie histórica. Esta evolución es consistente con los análisis de Spain’s gender pay gap: Convergence faces upcoming challenges, elaborado por Funcas, y con los indicadores comparados de la OCDE, que sitúan a España entre los países que más han avanzado en la convergencia salarial durante las dos últimas décadas. No obstante, estos mismos organismos advierten de que la brecha agregada no mide diferencias salariales por trabajo de igual valor, sino divergencias medias de ingresos que incorporan variables heterogéneas como la duración de la jornada, la continuidad de la carrera profesional, el sector de actividad o el tipo de ocupación.

Desde una perspectiva estrictamente económica, este matiz resulta determinante. Cuando el análisis se corrige por horas efectivamente trabajadas, la brecha salarial se reduce, y mucho. Los estudios comparados de la OCDE, recogidos en Gender wage gap (OECD Data), así como los trabajos recientes del centro de investigación ESADE EcPol en The Gender Pay Gap in Spain: What Factors Contribute to Its Persistence?, sitúan la brecha salarial por hora en España en niveles sensiblemente inferiores a la brecha anual, con valores cercanos a un solo dígito. Este dato no elimina el problema, aunque sí obliga a reformular su diagnóstico y a descartar explicaciones simplistas.

Uno de los elementos más relevantes que explican la persistencia de la brecha salarial es su comportamiento a lo largo del ciclo vital. Los datos del INE y de la Agencia Tributaria, sistematizados en La brecha retributiva entre mujeres y hombres: causas, evolución y consecuencias, muestran que las diferencias retributivas entre hombres y mujeres son reducidas en las primeras etapas de la vida laboral. Sin embargo, a partir de los treinta y cinco años la brecha comienza a ampliarse de manera progresiva. Esta dinámica coincide temporalmente con la aparición de interrupciones de carrera, reducciones de jornada y mayor concentración femenina en el empleo a tiempo parcial.

Más de dos tercios del empleo a tiempo parcial en España corresponden a mujeres, tal y como refleja La brecha salarial se estanca: las mujeres cobran un 20% menos, publicado por RTVE con base en datos oficiales. Esta realidad se explica, en gran medida, por la asunción mayoritaria de responsabilidades de cuidado. La Organización Internacional del Trabajo subraya en Global Wage Report y en los documentos de la iniciativa EPIC que esta circunstancia tiene un impacto directo sobre los salarios anuales, los complementos variables y las oportunidades de promoción, sin que ello pueda atribuirse de forma automática a una conducta discriminatoria de las empresas. En consecuencia, una parte sustancial de la brecha salarial responde a factores estructurales de organización social y del mercado de trabajo, más que a decisiones retributivas individuales de las empresas.

Los informes elaborados por la CEOE, en particular Análisis de la brecha salarial de género en España, identificando las causas para encontrar soluciones, coinciden en que la discriminación directa en el salario base es hoy residual y se encuentra ampliamente cubierta por el marco normativo y por la jurisprudencia. Las diferencias retributivas se concentran, por el contrario, en los complementos asociados a disponibilidad, desempeño o promoción, ámbitos en los que la continuidad profesional y la flexibilidad horaria juegan un papel determinante.

Ello no significa que la empresa deba permanecer al margen. Al contrario, los organismos internacionales señalan que la empresa constituye un actor clave en la reducción de la brecha, siempre que su intervención se oriente a la objetivación de los sistemas retributivos, a la transparencia en los criterios de promoción y a la eliminación de sesgos no justificados. Sin embargo, tanto la OIT como la OCDE advierten de que cargar exclusivamente sobre el empleador la corrección de un problema de raíz estructural puede generar efectos adversos en términos de seguridad jurídica, eficiencia organizativa y competitividad.

La evidencia empírica sugiere que los mayores avances en igualdad retributiva se han producido allí donde las políticas laborales han ido acompañadas de medidas públicas de corresponsabilidad, servicios de cuidado accesibles y modelos de organización del trabajo compatibles con trayectorias profesionales continuas, tal y como recogen OECD Dashboard on Gender Gaps y los informes recientes del Ministerio de Trabajo y Economía Social. En ausencia de estos elementos, el margen de actuación empresarial resulta necesariamente limitado.

En conclusión, la brecha salarial constituye un fenómeno real que exige respuestas basadas en datos y no en simplificaciones. La experiencia comparada demuestra que su reducción sostenible requiere una aproximación integral que combine políticas públicas eficaces, marcos normativos estables y un compromiso empresarial basado en criterios técnicos. Solo desde esta perspectiva resulta posible avanzar hacia una igualdad retributiva real sin sacrificar competitividad, seguridad jurídica ni calidad del empleo.

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